The perfect tenant

La odisea para encontrar una casa comenzó, aunque parezca mentira, allá por febrero y de forma cibernética. Pusimos un anuncio en Gumtree, una famosa página de búsqueda de pisos en UK. En ella dijimos que queríamos una casa de una habitación, en excelentes condiciones, por un máximo de 1000 libras incluyendo todas las facturas. La zona: Finsbury Park, para poder tener una buena conexión con el tren a Cambridge que cojo todos los días. Puede parecer un precio muy alto, pero esas son las cifras que se manejan por esta isla, por lo que realmente era un precio extremadamente bajo.

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No tardamos en recibir la única respuesta a nuestro anuncio. Fue una tal Mrs Nelson, enviando un sms desde una página web de envío de mensajes gratis por Internet. En ella nos daba una dirección de e-mail clásica, algo así como kristi.nelson@hotmail.com, y nos invitaba a escribirle para conocer más detalles. Así que escribimos a la señora Nelson, y nos contó que, tal y como pedíamos en el anuncio, tenía un piso maravillosísimo que nos alquilaría por 1000 libras, incluyendo todas las “Bills”:

–       Luz, agua y gas

–       Televisión (aquí hay que pagar un impuesto de unas 12 libras al mes para tener televisión, algo menos si prefieres verla en blanco y negro)

–       Internet

–       Council tax (un importe que hay que pagar por el simple hecho de vivir bajo un techo, y que ronda las 1000 libras al año, aunque puede ser más o menos barato en función de la zona de residencia)

En ese mismo e-mail, Mrs Nelson nos contaba que nos quería alquilar el piso tan barato porque había tenido malas experiencias con anteriores inquilinos y estaba dispuesta a rebajar el precio con tal de tener a dos personas de las que se pudiera fiar. Nos invitaba a pagarle un par de meses por adelantado como fianza para que su abogado se pusiera a redactar el contrato de alquiler.

La agitada vida de Mrs Nelson

La agitada vida de Mrs Nelson

Además, nos enviaba unas fotos de la casa:

Casa buena, bonita y barata

Casa buena, bonita y barata

Como veis (y si no lo veis, solo hace falta comparar con el resto del mercado inmobiliario londinense), llegamos a la conclusión de que se trataba clarísimamente de un timo más grande que nuestras cabezas, así que Mrs. Nelson nunca más volvió a saber de nosotros.

Algo desanimados, y ya viviendo en Londres, en un alojamiento temporal, fue Gonzalo el que tomó las riendas de la búsqueda de piso mientras yo me iba a trabajar. Durante varios días, se dedicó a llamar a todas las agencias de Finsbury Park y a quedar con ellas para recorrer el barrio visitando apartamentos. Después de una intensa búsqueda, llegó a la conclusión de que me tenía que enseñar 3 pisos: el bueno, el piccolo y el intermedio.

El bueno contaba con grandes ventajas: tenía lavaplatos, un jardín enorme, espacio más que de sobra, cocina separada del salón… pero, por supuesto, era el más caro de los tres. El piccolo era chiquitito, pero acogedor, aunque con un baño prehistórico, la caldera en mitad del salón-cocina y un radiador que impedía cualquier distribución de muebles. El intermedio era el amigo feo: estaba bien, pero teniendo al bueno por casi el mismo precio o al piccolo por unos cientos menos de libras, no merecía la pena. Además, el comercial que nos lo enseñaba era un poco pesado, pretendía cobrarnos 500 libras por el simple hecho de hacerle una oferta al landlord de nuestra parte, y soltaba grandes perlas como:

The housing price will always rise. That is just the way it is.

Así que, tras verlos, decidimos tratar de regatear y hacer una oferta por el bueno. Desgraciadamente, nuestra oferta fue rechazada, lo que supuso un duro batacazo. Sin embargo, no nos rendimos, y volvimos a llamar a todas las agencias de Finsbury Park para fijar citas durante el fin de semana. Teníamos una misión inamovible: conseguir un hogar al final de la semana.

El sábado quedamos para ver 9 pisos, convenientemente espaciados en intervalos de 15-30 minutos. No podíamos fallar. Nada podía fallar. Nada, a excepción del primer agente, que llamó para decir que el piso que nos iba a enseñar estaba alquilado. Primer golpe. Pero nos repusimos. Seguimos visitando. Un piso precioso a la par que caro. El piccolo de nuevo, por si las moscas. Un cuchitril. Una coña marinera, ¿1300 libras por semejante horripilancia cayéndose a cachos?, venga hombre. Y finalmente llegó él. Nuestro piso. Uno de los precios más bajos del día, ¿qué tara tendrá? Una pinta estupenda, todo bien a primera vista, espacioso, acogedor. Nos miramos, asentimos, y sin dudar exclamamos: ¡NOS LO QUEDAMOS!

Así que final feliz para esta trepidante historia. A partir del 5 de abril moveremos nuestra residencia a Finsbury Park, un barrio que promete ser interesante: casa del Arsenal, repleto de fruterías y carnicerías, mezquitas y un parque enorme para patinar. Empieza (por segunda vez) la aventura.

This is our building

This is our building

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6 Respuestas a “The perfect tenant

  1. Tu historia tiene tantos puntos en común con la búsqueda de piso barcelonesa… ¡Miedo me da volverme a embarcar en ella!

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